Por eso nos atrae la gente que no nos quiere. Desde el principio sabemos muy bien que no están con nosotros. Simulamos sorprendernos luego cuando nos sentimos traicionados y ellos se marchan después de una estancia intensa pero breve, pero lo sucedido encaja perfectamente en nuestro plan de no ser aceptados. La gente disponible suele ser la peligrosa, porque nos confronta con la posibilidad de una intimidad real. La gente disponible es inquietante.