Era el día tan esperado en que vendrías a verme a casa. Esperando en el sillón tu llegada, estaba confundida no sabia si ibas a venir o no. Pero vos prometiste que si, y yo estaba sentada desde las ocho esperando que llegaras, no me dijiste ninguna hora en especial, pero yo aún así te estaba esperando. No dejaba de mirar mi celular, no dejaba de pensar en llamarte para saber a que hora vendrías o si te quedaba mucho tiempo.
Me levanté del sillón, me movía de derecha a izquierda y viceversa, no podía estar sentada, ya que el nerviosismo me hacía estar de pie y no parar quieta ni un momento. Seguía esperando... Dos, tres hasta cuatro horas... No dabas señales de vida
Tenía la necesidad de llamarte, pero no quería porque me llamarías “pesada”. Pero en fin lo hice y vos ni te molestaste en contestar, ya nose si tratabas de evitarme. Yo por dentro sabias que no vendrías pero igual yo seguía esperándote. En un momento me agarro un ataque de muchos sentimientos a la vez difícil de explicar, era una histeria, bronca, enojo, tristeza, furia que hagarre mi celular y lo tire contra la pared.
Otra vez estaba en el sillón ahí donde comenze a esperarte, pero ahora ya no estaba sentada, sino aferrada a el, y llorando desaforadamente… Llorando por haberme dejado plantada una vez más.